jueves, 15 de septiembre de 2016

EL REFUGIO by FRANCISCO SEGARRA


El Refugio, mítico local en Teruel y punto de encuentro en el ámbito del ocio nocturno, reabrió sus puertas tras una reforma ideada y proyectada por el equipo de interioristas de Francisco Segarra y coordinada directamente por los propietarios, los hermanos Miguel y Juan Carlos Górriz. 

El encargo surge gracias al espíritu emprendedor de los dueños tras detectar la necesidad de una actualización del interior, después de 15 años a pleno funcionamiento; potenciando además su horario de “tardeo”, tendencia en alza en muchos lugares de nuestra geografía y que empieza a ser muy demandado también en la capital Turolense. De esta manera se comienza a fraguar el nuevo concepto, que da como resultado un local más hogareño, colorido y acogedor, aunque manteniendo los valores originales de una marca consolidada año tras año, donde clientes habituales conviven con nuevos visitantes llegados a la ciudad en busca del atractivo turístico que ésta ofrece. 

El local combina una amplia oferta para la sobremesa (pasando por cafés, infusiones y pasteles caseros), hasta los combinados y cocteles, además de diferentes marcas cervezas nacionales y de importación, refrescos, pequeñas tapas, etc… y donde también se puede disfrutar de los eventos deportivos más relevantes. A primera vista desde el exterior, la fachada bicolor aparece franqueada por unos imponentes portones metálicos correderos, que invitan al visitante a entrar al resguardo del hogar, y que refuerzan ese juego de “poder cerrarlas” para permanecer “al refugio” de los elementos. 
Son estos detalles metálicos, incorporados también en el interior en forma de rejillas deployé, estructuras vistas en las columnas, cerrajería metálica envejecida… los que aportan el toque más industrial. Para la renovación interior se decidió conservar la estructura general del local, haciendo uso sobre todo de elementos de revestimientos y pavimentos, que cambiasen la atmósfera general sin afectar al espacio. Para el revestimiento frontal de la barra se optó por el uso de chapas metálicas en tono verde, color que articula la nueva imagen de la marca, y que resultaban especialmente adecuadas para asumir las variaciones e irregularidades de la superficie curva.






La pared lateral de la barra, que fluye hacia la izquierda y continúa a lo largo de una primera zona para la clientela, un íntimo rincón con paredes acabadas en pintura envejecida en tonos ocre y tierra que le confieren un aspecto añejo y vivido. La zona se completa con mesas altas y taburetes y una iluminación a base de flexos a pared, que bañan la superficie pintada y potencian las diferentes texturas y matices propias de la técnica. A mano derecha, el local se estructura de manera más lineal. La pared principal, coronada por un amplio ventanal que le aporta luz natural y claridad, y la pared del fondo se revistieron con azulejo efecto ladrillo, telón de fondo para dos elementos protagonistas en esta zona: un banco corrido en polipiel color mostaza y una zona de mobiliario bajo, articulado en torno a una chimenea de madera. En esta zona, de tenue iluminación también a base de los flexos anteriormente comentados, se buscó que el visitante encontrase la flexibilidad necesaria gracias al espacio modular en una zona más cómoda y relajada. 

Al final de la bancada y junto a la chimenea, decorada con velas, cuadros y antigüedades, una zona de butacas junto a una mesa, coronada por una lámpara industrial de gran tamaño. También el uso de espejos en zonas como el recibidor del baño o la pared contigua a la bancada, hacen que ambos espacios mágicos se dupliquen y ofrezcan al usuario una sensación de amplitud. De este modo, se prolonga la longitud enfatizando unos de los elementos principales del lugar, el banco corrido. El equipo de interioristas de Francisco Segarra, involucrado activamente en todo el proceso de ejecución, junto con el duro trabajo y enriquecedora colaboración de los diferentes oficios generó una interesante y grata conciencia de equipo que fue creciendo conforme el proyecto iba tomando forma; y en el que cada uno aportaba sus conocimientos en pro del resultado final, a pesar en muchas ocasiones, de que las particularidades del estilo y meticulosidad de las interioristas les obligase a utilizar técnicas y buscar imperfecciones a las que no estaban habituados. 









Fotos: Miriam Marco
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